Retro reseña: «Son de la Calle»

Son de la Calle es un largometraje dirigido por Julio César Bolívar. Fue estrenada en el año 2009 y claramente es una de esas películas que buscó su público entre la juventud, tomando en cuenta que es esta la que principalmente disfruta de la música del género urbano. Eso me incluye a mí.  Este ejercicio consistente en hacer una película atractiva para mozos, utilizando elementos seductores en la trama, es muy común. Suelen ponerlo en práctica sagas tales como Rápido y furioso, a la que esta cinta pareciera intentar imitar. No obstante, en lugar de utilizar autos modernos, chicas sensuales y tiroteos como los de esta franquicia cinematográfica, Julio César Bolívar recurrió a raperos y traceurs (atletas de parkour) que intentan, a duras penas, actuar. Son de la Calle es una de esas películas tan malas que después de verlas, tienes la sensación de que el taquillero aun debe estarse riendo de ti por haber pagado la entrada.

Su trama principal consiste en una historia de amor. Esta es protagonizada por dos individuos de distinta clase social, cosa que parece emular a Romeo y Julieta de Shakespeare. Jorge, un chico aspirante a rapero, pretende conquistar a Jimena, una joven que labora en un cafetín, aparentando ser un poeta callejero (que no lo es) y haciendo el tonto con sus chistes. El es interpretado por el grandulón de Emilio Vizcaino, quien, cuando intenta ser un rapero sano y buena onda, hace ver menos ridículo a Vanilla Ice. Por otro lado, la chica sueña con ser bailarina pero no es una flor delicada, lo sabe todo acerca de las movidas en los barrios. No obstante, su intérprete Krisbell Jackson, parece creer que alzar la voz y tener una actitud mezquina, es suficiente para hacer a un personaje oriundo del gueto de manera efectiva. Lo cual, es desacertado.

En contraposición, se encuentra Alexis. Un personaje caracterizado por el reggaetonero Franco Bellomo. Se trata del mayor delincuente de los barrios bajos y alguien cercano a Jimena. Querrá evitar a toda costa el amor entre estos dos absurdos personajes. Sin embargo, el esfuerzo de Franco por parecer un pandillero solo puede resultar jocoso. Usa un tono de voz propio de quien es adicto al cigarrillo y cuando intenta ser amenazador, ofrece la misma impresión que Emilio Lovera haciendo un chiste sobre malandros. Personalmente pienso que si intenta asaltarme un ladrón como el que interpreta Franco en esta película, seré víctima de un ataque de risa antes que de pánico. Por otro lado, hay que ser justos y señalar que este personaje parece haber sido escrito con la intención de ser cómico, no obstante, sus acciones en la película no son graciosas, el hecho de ver a Franco disfrazado de malandro e intentando ser uno, si lo es. No hay nada más triste que un personaje cómico que genera risas involuntarias.

La dirección del filme es por demás, deficiente. Se trata de una secuencia de tomas, extremadamente rígidas, en las que vemos siempre a dos o más personajes, disfrazados de raperos o traceurs, decir sus diálogos con una actitud  robótica y carente de interés. Por no decir que el desarrollo de la trama resulta tan predecible, que hace brotar la sensación de que todo lo que sucede en la película es simplemente lo que tiene que suceder, sin sorpresas y sin creatividad. Por ejemplo: Jorge hace su debut en las batallas de Freestyle del barrio, parece un momento tenso pero como sabemos que el cabeza de chorlito tiene talento, es obvio que lo hará bien. Como también resulta previsible que el tontorrón de Alexis morirá a consecuencia de su vida criminal y Jimena podrá vivir feliz con Jorge. Tanto los actores como el guionista parecen cansados y deseosos de terminar su trabajo lo antes posible. Se comportan como si estuviesen en piloto automático hasta el final.

Los escenarios a través de los cuales se desarrolla este largometraje son extremadamente simples y aburridos: Barrios, Mansiones, Estudios de grabación, etc. Cosa que a su vez me limita, pues hay muy poco en lo cual indagar. Solo se puede ir al grano y etiquetar como ´´pésima« la labor creativa del equipo, que a veces es muy similar a un proyecto universitario pero con cámaras de mayor calidad. Hay que agregar que cuenta con la participación actoral de varios artistas del hip hop venezolano, entre ellos: McKlopedia, Gabylonia, Bostas Brain, Rekeson y Cotur. Todos ellos se sienten como adornos colocados especialmente para llamar la atención de los espectadores y forzarlos a seguir la aburrida historia. También hay sosas interpretaciones de reggaetoneros como Chino y Nacho, cuyos personajes no terminan de encajar. Resulta gracioso que Nacho interprete a un joven traceur al que Alexis busca integrar a su pandilla, corromperlo con promesas de dinero fácil. Especialmente porque Nacho luce mucho más viejo que Franco en pantalla.

Lejos de ser el avance hacia una nueva frontera para el hip hop nacional, la realidad es que Son de la Calle es un proyecto comercial soso y cursi. Nuestra cultura urbana contiene artistas muy inteligentes y propuestas maravillosas, merecen algo mucho mejor de lo que recibieron con esta película. El 6 de julio se estrenó Desafío Urbano de Oscar Rivas Gamboa. Esta parece que logrará, con el tiempo, llegar a más espectadores y complacer las expectativas de quienes desean una buena cinta con la música urbana como tema central. Para los que quedaron inconformes con el filme que nos atañe, que aun desean ver alguno de buena calidad con la cultura underground como tema central, les recomiendo obras como: 8 Mile, Notorious, Get rich or die tryin y Straight Outta Compton. No pierdan su tiempo en Son de la Calle. Es el equivalente a que en tu fiesta de cumpleaños, tu primo (el borracho), intente rapear para homenajearte, frente a todos tus amigos. La sensación de pena ajena… No es tan fuerte como la que sientes después de haber visto la obra de Julio César Bolívar.

Raúl Briceño

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